viernes, julio 19

Muere José María Caneda, expresidente indomable de Compostela | Fútbol | Deportes

Impenetrable e indomable hasta el final, José María Caneda aseguró que el cáncer que padecía no le iba a encerrar en casa. Vivió con pasión y murió a los 77 años en la madrugada de San Juan mientras media Galicia ardía entre leyendas, conjuros y fuego purificador. Fue el gran constructor de Compostela que abandonó la irrelevancia para ascender al subcampeonato de invierno de la máxima categoría. Caneda presidió el club con maneras y estilos inimitables durante casi 24 años y en cuatro de esas campañas (1994-1998) se le vio en la élite, donde dejó una huella inolvidable. Luego todo se vino abajo, el club acabó en liquidación por las deudas que había contraído y tuvo que ser refundado en las catacumbas del fútbol.

“Dentro de cinco años volveremos a Primera”, clamó en 2009, todavía optimista y desatado. Pero dos años después vendió la Compostela que había refundado y se fue a su casa. “Puedes pensar que soy un bocazas o un loco, pero lo único que soy es un tipo orgulloso”, se presentó. Con su verborrea, y un estilo directo y con poco cariño a la diplomacia y los protocolos, litigaba con el fisco, con entrenadores y jugadores, con sus agentes, con la televisión, con la Liga y, sobre todo, con los políticos. Le dijo a Manuel Fraga que no era él quien para exigirle nada. “Tú no eres mi confesor”, lo detuvo.

“Sé más de preparación física que tú”, le espetó incluso a Vicente del Bosque cuando negociaba el fichaje del nigeriano Ohen. Caneda se había formado en el tema y no sólo hizo sus pinitos como futbolista a un nivel modesto sino que incluso se puso guantes de boxeo. Era literalmente un corredor de fondo. En 1963 fue subcampeón de España en campo a través y ya entonces jugaba partidos de fútbol con el equipo de su barrio, el Amio, del que acabó siendo presidente. Allí mostró su audacia en la gestión y abrió las puertas de la SD Compostela, que ni siquiera era histórica (fue fundada en 1962) y tuvo un tibio impacto en una ciudad bulliciosa y universitaria que se vacía los fines de semana y que, en cualquier caso, Se decantó más por el baloncesto que por el fútbol.

Desde 1988 Caneda dio músculo al Compostela. El equipo alternó entre Segunda B y Tercera División hasta que el presidente se asoció con Fernando Castro Santos, entrenador con el que entre 1990 y 1994 pasó de Tercera a Primera. “He visto pocos líderes tan agudos e intuitivos”, reflexiona Santos, que tuvo dificultades con él más de una vez. Eran tiempos en los que los contratos se firmaban en los bares con servilletas de papel y las bonificaciones se anunciaban en voz alta ante las cámaras de televisión. Caneda irrumpió como un ciclón en el fútbol español, lo suficientemente indómito como para pelearse con Jesús Gil (y su guardaespaldas) delante de la sede de la Liga. “Con el paso de los años, el que mejor me trató de todos los presidentes fue Gil”, reconoció años después Caneda, quien siempre explicó que lo ocurrido ese día a puerta cerrada fue incluso peor que la trifulca que se pudo ver afuera. “Gil era un bruto, pero no era mala persona. Éramos muy parecidos”, afirmó Caneda, que forjó amistades inesperadas en el fútbol, ​​como la de María de las Mercedes de Borbón, madre del rey Juan Carlos, y apasionada seguidora del Betis con la que entabló amistad en el cuadro del Villamarín. “En el descanso del partido la llevaron en silla de ruedas al antebox y al inicio del segundo tiempo todos corrieron a ver el fútbol y no había manos suficientes para levantar la silla. Así que me arremangué y nos detuvimos”, recordó Caneda sobre un episodio que llegó a oídos de la reina Sofía, quien tiempo después le agradeció.

Se marcha Caneda y con él también muere un poco más ese tiempo irrepetible, el que sirvió para acuñar el canedismos, frases y expresiones en las que los años han ayudado a confundir el original con lo apócrifo. Caneda exigió el dinero cantante y sonante cuando querían fichar a un jugador. En esas situaciones no le gustaba eso. les encantó la pastilla y si fuera necesario, exigió que el cápsula de terminación. Pidió a su pueblo que le creyera. pies juntospero también que nadie rasgar la ropa frente a los problemas. Ella tenia un rififi Con Fernando Vázquez incluso recriminó a sus jugadores que salieran al campo atemorizado y no dudó en buscar un chino expiatorio si fuera necesario. Intentó, por fin, resurgir de sus cenizas. como el gato Félix. Nada fue pataca minuto con Caneda, que era consciente de su idiosincrasia y se comportaba con sarcasmo en el personaje que había generado. “¿Por qué no puedo decir que soy entre tu espalda y la pared ¿Si es cierto que hay espacio entre la parte de atrás y la pared? preguntó. Y hizo ese ejercicio para demostrar que en ese espacio todavía tenía un resquicio para manejarse como el lince que siempre fue.

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