jueves, julio 25

Un macroestudio revela que un estilo de vida saludable puede contrarrestar una mala genética

La ciencia ha demostrado desde hace tiempo que un estilo de vida saludable mejora la calidad de vida, aumenta la esperanza de vida, reduce la prevalencia de enfermedades crónicas y disminuye la mortalidad. Esta es una verdad tan sólida que, en tiempos de noticias falsas, se mantiene indiscutible. Sin embargo, ¿qué pasa con las personas que tienen una predisposición genética a una vida más corta? Un estudio en Islandia estima que alrededor del 4% de la población tiene genotipos que aumentan el riesgo de enfermedades pero que pueden ser prevenidas o tratadas. Entonces, ¿puede un estilo de vida saludable revertir esa predisposición genética?

Un estudio reciente publicado en BMJ Evidence-Based Medicine ha respondido a esta pregunta. Analizando datos de más de 350,000 participantes del Biobanco del Reino Unido durante un promedio de 13 años, se demostró que tanto la genética como el estilo de vida influyen de manera independiente en la esperanza de vida. Sin embargo, un estilo de vida saludable puede compensar los efectos negativos de una mala genética y prolongar significativamente la vida.

Hallazgos del estudio:

  • Las personas con una alta predisposición genética a una vida más corta tienen un 21% más de riesgo de muerte prematura comparado con aquellos con bajo riesgo genético.
  • Un estilo de vida insalubre está asociado con un 78% más de riesgo de muerte prematura, sin importar la genética.
  • Un estilo de vida saludable puede reducir el riesgo de muerte prematura en personas con alta predisposición genética en aproximadamente un 62%, alargando su esperanza de vida en unos 5.22 años al llegar a los 40.

“Es la primera vez que se investiga hasta qué punto un estilo de vida saludable puede contrarrestar la genética”, afirma el profesor Xifeng Wu de la Universidad de Zhejiang, subrayando la importancia de mantener hábitos saludables independientemente de la genética.

Definición de un estilo de vida saludable:
El estudio evaluó varios factores, incluyendo no fumar, consumo moderado de alcohol, actividad física regular, peso corporal saludable, sueño adecuado y dieta equilibrada. Los participantes fueron clasificados en tres categorías: favorable, intermedia y desfavorable. Los resultados mostraron que todos estos factores pueden compensar significativamente el riesgo genético, siendo cuatro los más efectivos: no fumar, actividad física regular, sueño adecuado y dieta saludable.

Importancia de la educación en hábitos saludables:
Almudena Beltrán, especialista en medicina interna, y Ángel Gil de Miguel, profesor de Medicina Preventiva, coinciden en la necesidad de empezar la educación en hábitos saludables desde la infancia. Argumentan que, aunque los jóvenes puedan descuidar estos hábitos, tienden a retomarlos en la adultez.

Recomendaciones para políticas de salud pública:
Xifeng Wu sugiere que las políticas de salud pública deben enfocarse en promover la educación sanitaria, fomentar controles médicos preventivos y proporcionar una gestión sanitaria personalizada para grupos de alto riesgo genético. Gil de Miguel también destaca la importancia de insistir en la alimentación y reducir el consumo de azúcares para prevenir enfermedades como la diabetes tipo 2 que está apareciendo a edades más tempranas.

Conclusión:
Nunca es tarde para cambiar los hábitos de vida y mejorar la salud, según Beltrán, quien enfatiza que la prevención es clave para una vida más saludable y prolongada.

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